lunes, 5 de agosto de 2013

Puente de plata.

      Conlleva riesgos librar batallas a ciegas en asuntos del corazón; no saben y aman, no piensan y hablan. Como esta caricia loca firmando sinsentidos sobre tu espalda. Pero cualquier piel es roca con una capa de dolor, en ellas pocas yemas acaban por calar aunque no existe mejor mural donde diluir a ratos desamor. Odiar a los que sólo saben escribir y hablar de lo mismo y seguir sus pasos. Pues todos los caminos parecen llevan al amor y peleando siempre con esa palabra, hoy en el arcén, cansado y a pie, le coloqué un bonito revés dejándome en Roma y sin saber qué hacer.

      Evitemos ese roce, invoquemos juntos a los dioses. Seré tu Zeus, quien tú seas me da lo mismo los antiguos mantienen su fama de rudos y lo que salga de tu boca será ruido siempre y cuando no sean gemidos sabor cianuro. Ese que cuesta sacar después de un falso amar, del que dicen todos que serás capaz de olvidar, ilusos creyéndose dueños de un sentimiento tan grande y bobo que no se deja domar ni con todo el oro del globo.

      Porqué crees que llevo en mi bandera la libertad y el conformismo de un vagabundo junto al perfeccionismo y la ambición del millonario más testarudo del mundo. Cada loco con su tema y su dilema de sí la razón por la que se guía es buena. No sé si la mía lo será, al menos es verdadera, mira hacia delante y cuida de los tuyos, que siempre se pondrá en escena el típico capullo que demuestre que no merece ni el saludo.

      Por eso deja de lado lo que temas, lo que esté demás, que no todo fuego quema, ni todo debe ser querer amar.

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